La Argumentación
Definición: es una forma expresiva que pretende registrar la mirada particular de una persona sobre un tema polémico. Esta mirada particular u opinión sobre el tema es lo que se denomina tesis. Así pues, en una argumentación lo fundamental es la presencia de una tesis. Esta última es el núcleo del texto argumentativo, es aquello que se discute y de lo cual se quiere convencer al lector.
La Tesis y Los Argumentos: la tesis es la opinión (manera particular y subjetiva de ver la realidad) que sobre un tema tiene una persona. Esta opinión, para que sea una verdadera tesis, debe estar apoyada, desarrollada y explicada de forma lógica: estas ideas de apoyo y explicaciones son lo que llamamos los argumentos. Entonces, un texto argumentativo posee, básicamente, dos elementos: tesis y argumentos.
Situación Comunicativa (Pragmática de la Argumentación): por situación comunicativa entenderemos la manera en que generalmente se comportan los factores que intervienen en el proceso de comunicar una tesis y sus argumentos. En primer lugar, quien argumenta (emisor) suele ser un experto en el tema o alguien que se prepara especialmente para debatir el tema. Esta última idea –la de la argumentación como debate- es fundamental para entender el proceso comunicativo de la argumentación, ya que quien argumenta lo hace para convencer a las personas que posiblemente estarían en su contra. Si tomamos en cuenta lo anterior, entonces veremos que en la argumentación las funciones del lenguaje que predominan son la emotiva (expresión de ideas, sentimientos u opiniones) y la conativa (dirigida a generar una respuesta del receptor). Por otro lado, en cuanto al código de la argumentación, se acostumbra usar un registro culto.
Estrategias Discursivas de Apoyo: entre las estrategias discursivas (maneras de presentar la información) que apoyan la argumentación se encuentran, en primer lugar, el razonamiento lógico, la cita de autoridad, el ejemplo y la concesión –éstas son las estrategias principales. Luego, es posible apoyar una tesis con otras estrategias como la definición, el dato histórico, la referencia (literaria, cinematográfica, biográfica…), y cifras o estadísticas.
a. El razonamiento lógico: consiste en explicar el porqué de nuestro pensamiento, opinión o tesis.
b. La cita de autoridad: consiste en apoyar nuestra tesis mostrando la coincidencia que hay entre ella y la idea de un experto que piensa igual que nosotros o de forma muy similar.
c. La ejemplificación: consiste en mostrar un caso concreto que demuestra una afirmación contenida en nuestra exposición.
d. La concesión: consiste en ceder parcialmente la razón a ciertas personas que opinarían de una forma distinta a la de nosotros.
Gramática del Texto Expositivo (Palabras Claves): generalmente se usan verbos en tiempo presente. Además de esto, se suelen utilizar conectores de concesión (a pesar de…, aunque…, sin embargo…) y de causa-efecto (por lo tanto, por consiguiente…).
Estructura del Texto Argumentativo: todo texto argumentativo se desarrolla en tres partes: introducción, desarrollo y conclusión. La información del tema se debe distribuir en el texto siguiendo este orden: 1° introducción: presentación del tema y tesis; 2° desarrollo: explicación del tema a partir del uso de las estrategias de apoyo; 3° conclusión: reformulación o repetición de las ideas más importantes del tema.
Ahora bien existen otras maneras de organizar la información: 1° Estructura sintetizante: en la introducción se presenta el tema; en el desarrollo se empieza a argumentar; en la conclusión aparece la tesis como resultado lógico de los argumentos que se presentaron antes. 2° Estructura dialéctica: en la introducción se presenta el tema y una primera tesis; en el desarrollo se presentan una serie de argumentos sobre la tesis inicial y una antítesis u objeción a nuestra opinión; dentro del mismo desarrollo esta antítesis es contraargumentada y refutada parcialmente; en la conclusión se coloca una nueva tesis (síntesis) que es el resultado de la discusión elaborada en el desarrollo.
Tipos de Textos Argumentativos: los artículos de opinión que aparecen en la prensa, los ensayos, los comentarios críticos, las respuestas a las preguntas de los exámenes en donde se nos pide “razonar” una respuesta…
jueves, 11 de febrero de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
La Exposición
La Exposición
Definición: es una forma expresiva que busca explicar y delimitar un tema de estudio. Su unidad fundamental o estrategia principal es la definición. Por esto, es posible pensar la exposición como la definición extendida o ampliada de un tema. La intención de quien expone es enseñar sobre un tema.
Situación Comunicativa (Pragmática de la Exposición): de manera general, la situaciones comunicativas dentro de las que se estructuran las exposiciones poseen los siguientes rasgos: 1° el emisor suele ser un experto en la materia o tema que se explica, o alguien que se prepara especialmente para explicar dicho tema; 2° el receptor suele ser una persona que desconoce el tema o tiene sólo conocimientos parciales sobre el mismo; 3° la función del lenguaje que predomina es la función referencial, a través de ella el emisor construye un marco de referencias que permiten al emisor comprender mejor la realidad de un tema; 4° el código es la lengua -oral o escrita- usada en un registro técnico, científico o, simplemente, culto.
Estrategias de Discursivas de Apoyo: entre las estrategias discursivas (maneras de presentar la información) que apoyan la exposición se encuentran la clasificación, la comparación, la descripción, la narración y la ejemplificación.
La clasificación: consiste en ordenar una serie de datos a partir de un principio general que permita jerarquizarlos. Esta jerarquía puede estar dada por principios de inclusión, agrupamiento, diferenciación, etc. Sirve para dividir un tema complejo y explicarlo por partes.
La comparación: consiste en explicar las similitudes y diferencias de un objeto o idea con otro. Estas similitudes o diferencias pueden tener que ver con la forma, la función, el uso, etc. de las ideas u objetos de estudio comparados. Bien usada, permite comprender una idea compleja o abstracta al compararla con una de nivel de complejidad mucho menor.
La descripción: consiste en caracterizar un objeto de estudio. Para hacer esta caracterización podríamos hacernos preguntas del tipo ¿de qué color es?, ¿qué forma tiene?, ¿cuál es su textura?, ¿qué sonidos produce?, ¿qué sabor tiene?, ¿cómo se mueve?... En definitiva, cuando describimos, lo que intentamos es recomponer en palabras la imagen de un objeto y, si respondemos las preguntas anteriores, podemos crear imágenes visuales, auditivas, gustativas, táctiles u olfativas que faciliten las comprensión de un tema que queremos explicar.
La narración: consiste en presentar una serie de acciones que componen una historia. Sirve, sobre todo, para explicar el orden de un proceso en el tiempo.
La ejemplificación: consiste en mostrar un caso concreto que demuestra una afirmación contenida en nuestra exposición.
Gramática del Texto Expositivo (Palabras Claves): generalmente se usan verbos en tiempo presente. Además de esto, se suelen utilizar conectores de adición (además, es decir…), de comparación (del mismo modo, igualmente, así como…, tal cual…), de inclusión y temporales (luego, mientras tanto, por otra parte, en primer lugar…), y de ejemplificación (por ejemplo…). Por último, también abundan los pronombres demostrativos (éste, ése, aquél…), que sirven para ubicar el tema en el espacio real, y los adjetivos especificativos, que ayudan a describir el objeto de estudio.
Estructura del Texto Expositivo: todo texto expositivo se desarrolla en tres partes: introducción, desarrollo y conclusión. La información del tema se debe distribuir en el texto siguiendo este orden: 1° introducción: presentación del tema y definición; 2° desarrollo: explicación del tema a partir del uso de las estrategias de apoyo; 3° conclusión: reformulación o repetición de las ideas más importantes del tema.
Generalmente, las exposiciones parten de lo simple hacia lo complejo o de lo general a lo particular. Si tomamos esto en cuenta, la organización y presentación de las ideas debería seguir un modelo que siempre empiece por la definición (lo más general) y que termine por los ejemplos (casos concretos).
Estructura del Texto Expositivo en Presentaciones Orales: en general, la distribución de la información en una exposición oral es la misma que en un texto escrito (introducción, desarrollo, cierre). Sin embargo, hay que tomar en cuenta algunos aspectos propios de la exposición oral de las ideas: uso de recursos audiovisuales, formulación de preguntas, gestualidad, postura, presencia, tono de voz, etc.
Tipos de Textos Expositivos: las clases de los profesores, los libros de texto, las noticias, los artículos de enciclopedias, las biografías, la mayoría de las respuestas que construyes en un examen, los comentarios explicativos de textos, etc.
La Exposición y la Argumentación: existe un tipo de exposición que posee características bien distintas a las que señalamos anteriormente. Se trata de la exposición de la tesis (opinión) que tenemos sobre un tema de carácter polémico o de interés académico. Es el tipo de exposición que encontramos en los ensayos, artículos de opinión, artículos académicos, conferencias, ponencias, debates, etc. Aunque suele tener algunos elementos propios de la exposición, tal como la explicamos antes, abundan las diferencias, p. e., la intención es convencer, la opinión o tesis del autor es la idea principal, las estrategias de apoyo son distintas (citas, concesiones, razonamientos lógicos…). En definitiva, en este caso lo que se explica es una opinión y esta explicación de la opinión es lo que llamamos argumentos.
Definición: es una forma expresiva que busca explicar y delimitar un tema de estudio. Su unidad fundamental o estrategia principal es la definición. Por esto, es posible pensar la exposición como la definición extendida o ampliada de un tema. La intención de quien expone es enseñar sobre un tema.
Situación Comunicativa (Pragmática de la Exposición): de manera general, la situaciones comunicativas dentro de las que se estructuran las exposiciones poseen los siguientes rasgos: 1° el emisor suele ser un experto en la materia o tema que se explica, o alguien que se prepara especialmente para explicar dicho tema; 2° el receptor suele ser una persona que desconoce el tema o tiene sólo conocimientos parciales sobre el mismo; 3° la función del lenguaje que predomina es la función referencial, a través de ella el emisor construye un marco de referencias que permiten al emisor comprender mejor la realidad de un tema; 4° el código es la lengua -oral o escrita- usada en un registro técnico, científico o, simplemente, culto.
Estrategias de Discursivas de Apoyo: entre las estrategias discursivas (maneras de presentar la información) que apoyan la exposición se encuentran la clasificación, la comparación, la descripción, la narración y la ejemplificación.
La clasificación: consiste en ordenar una serie de datos a partir de un principio general que permita jerarquizarlos. Esta jerarquía puede estar dada por principios de inclusión, agrupamiento, diferenciación, etc. Sirve para dividir un tema complejo y explicarlo por partes.
La comparación: consiste en explicar las similitudes y diferencias de un objeto o idea con otro. Estas similitudes o diferencias pueden tener que ver con la forma, la función, el uso, etc. de las ideas u objetos de estudio comparados. Bien usada, permite comprender una idea compleja o abstracta al compararla con una de nivel de complejidad mucho menor.
La descripción: consiste en caracterizar un objeto de estudio. Para hacer esta caracterización podríamos hacernos preguntas del tipo ¿de qué color es?, ¿qué forma tiene?, ¿cuál es su textura?, ¿qué sonidos produce?, ¿qué sabor tiene?, ¿cómo se mueve?... En definitiva, cuando describimos, lo que intentamos es recomponer en palabras la imagen de un objeto y, si respondemos las preguntas anteriores, podemos crear imágenes visuales, auditivas, gustativas, táctiles u olfativas que faciliten las comprensión de un tema que queremos explicar.
La narración: consiste en presentar una serie de acciones que componen una historia. Sirve, sobre todo, para explicar el orden de un proceso en el tiempo.
La ejemplificación: consiste en mostrar un caso concreto que demuestra una afirmación contenida en nuestra exposición.
Gramática del Texto Expositivo (Palabras Claves): generalmente se usan verbos en tiempo presente. Además de esto, se suelen utilizar conectores de adición (además, es decir…), de comparación (del mismo modo, igualmente, así como…, tal cual…), de inclusión y temporales (luego, mientras tanto, por otra parte, en primer lugar…), y de ejemplificación (por ejemplo…). Por último, también abundan los pronombres demostrativos (éste, ése, aquél…), que sirven para ubicar el tema en el espacio real, y los adjetivos especificativos, que ayudan a describir el objeto de estudio.
Estructura del Texto Expositivo: todo texto expositivo se desarrolla en tres partes: introducción, desarrollo y conclusión. La información del tema se debe distribuir en el texto siguiendo este orden: 1° introducción: presentación del tema y definición; 2° desarrollo: explicación del tema a partir del uso de las estrategias de apoyo; 3° conclusión: reformulación o repetición de las ideas más importantes del tema.
Generalmente, las exposiciones parten de lo simple hacia lo complejo o de lo general a lo particular. Si tomamos esto en cuenta, la organización y presentación de las ideas debería seguir un modelo que siempre empiece por la definición (lo más general) y que termine por los ejemplos (casos concretos).
Estructura del Texto Expositivo en Presentaciones Orales: en general, la distribución de la información en una exposición oral es la misma que en un texto escrito (introducción, desarrollo, cierre). Sin embargo, hay que tomar en cuenta algunos aspectos propios de la exposición oral de las ideas: uso de recursos audiovisuales, formulación de preguntas, gestualidad, postura, presencia, tono de voz, etc.
Tipos de Textos Expositivos: las clases de los profesores, los libros de texto, las noticias, los artículos de enciclopedias, las biografías, la mayoría de las respuestas que construyes en un examen, los comentarios explicativos de textos, etc.
La Exposición y la Argumentación: existe un tipo de exposición que posee características bien distintas a las que señalamos anteriormente. Se trata de la exposición de la tesis (opinión) que tenemos sobre un tema de carácter polémico o de interés académico. Es el tipo de exposición que encontramos en los ensayos, artículos de opinión, artículos académicos, conferencias, ponencias, debates, etc. Aunque suele tener algunos elementos propios de la exposición, tal como la explicamos antes, abundan las diferencias, p. e., la intención es convencer, la opinión o tesis del autor es la idea principal, las estrategias de apoyo son distintas (citas, concesiones, razonamientos lógicos…). En definitiva, en este caso lo que se explica es una opinión y esta explicación de la opinión es lo que llamamos argumentos.
lunes, 25 de enero de 2010
Texto y Modelo de Comentario Explicativo I
Opiniones respetables
Fernando Savater
En nuestra sociedad abundan venturosa y abrumadoramente las opiniones. Quizá prosperan tanto porque, según un repetido dogma que es el non plus ultra de la tolerancia para muchos, todas las opiniones son respetables. Concedo sin vacilar que existen muchas cosas respetables a nuestro alrededor: la vida del prójimo, por ejemplo, o el pan de quien trabaja para ganárselo, o la cornamenta de ciertos toros. Las opiniones, en cambio, me parecen todo lo que se quiera menos respetables: al ser formuladas saltan a la palestra de la disputa, la irrisión, el escepticismo y la controversia. Afrontan el descrédito y se arriesgan a lo único que hay peor que el descrédito, la ciega credulidad. Todas las opiniones son "discutibles" y esta condición no encierra demérito, como suelen creer quienes utilizan es calificativo para desacreditar las opiniones que no comparten ("eso que usted dice es muy discutible..."). Si una opinión no fuese discutible, dejaría de ser una opinión para convertirse en un axioma o en un dogma. Pero la palabra "discutir" encierra un sentido más fuerte que el de un simple intercambio de pareceres: etimológicamente quiere decir sacudir, derribar, zarandear algo para que demuestre si tiene sólidas raíces o incluso arrancarlo de su suelo nutricio para que las enseñe y puedan ser comprobadas. Así es sin duda como hay que proceder con las opiniones. Sólo las más fuertes deben sobrevivir, cuando logren ganarse la verificación que las legalice. Respetarlas beatamente sería momificarlas a todas por igual, haciendo indiscernibles las que gozan de buena salud gracias a la razón y la experiencia de las infectadas por la ñoñería pseudomística y el delirio.
Tomemos por ejemplo uno de nuestros debates televisivos de corte popular en el que se afronte alguna cuestión peliaguda como los platillos volantes, la curación mágica de las enfermedades o la inmortalidad del alma. Cualquiera de los participantes puede iniciar su intervención diciendo: "yo opino..". Pues bien, esa cláusula aparentemente modesta y restrictiva suele funcionar de hecho como todo lo contrario. Y es que hay dos usos diferentes, opuestos diría yo, del opinar. Según el primero de ellos, advierto con mi "yo opino" que no estoy seguro de lo que voy a decir, que se trata tan sólo de una conclusión que he sacado a partir de argumentos no concluyentes y que estoy dispuesto a revisarla si se me brindan pruebas contrarias o razonamientos mejor fundados. En ningún caso diría "yo opino" para luego aseverar que dos más dos son cuatro o que París es la capital de Francia: lo que precisamente advierto con esa fórmula es que no estoy tan seguro de lo que aventuro a continuación como de esas certezas ejemplares. Éste es el uso impecable de la opinión.
Pero en otros casos decir "yo opino" viene a significar algo muy distinto. Prevengo a quien me escucha de que la aseveración que formulo es mía, que la respaldo con todo mi ser y que por tanto no estoy dispuesto a discutirla con cualquier advenedizo no a modificarla simplemente porque se me ofrezcan argumentos adversos que demuestren su falsedad. Theodor Adorno, en un excelente artículo titulado "Opinión, demencia y sociedad" describe así esta actitud: «El "yo opino" no restringe aquí el juicio hipotético, sino que lo subraya. En cuanto alguien proclama como suya una opinión nada certera, no corroborada por experiencia alguna, sin reflexión sucinta, le otorga, por mucho que quiera restringirla, la autoridad de la confesión por medio de la relación consigo mismo como sujeto. » Este modelo de opinante convierte cualquier ataque a su opinión en una ofensa a su propia persona (o a su "identidad cultural", hoy refugio a la moda de los peores oscurantismos). Para él, lo concluyente en refrendo de un dictamen no son las pruebas ni las razones que lo apoyan sino el hecho de que alguien lo formula rotundamente como propio, identificando su dignidad con la veracidad de lo que sostiene. Como cada cual tiene derecho a su opinión, lo que nadie puede recusar, se entiende que todas las opiniones son del mismo rango y conllevan la misma fuerza resolutiva, lo cual destruye cualquier pretensión de verdad. Éste es el uso espurio de opinión.
En el debate televisivo al que antes aludíamos, cualquier pretensión de acuerdo sobre lo plausible suele quedar descartada de antemano. Quien insiste en que no se tome por aceptable más que lo racionalmente justificado sienta de inmediato plaza de intransigente o dogmático, vicios de lo más detestables. La resurrección de los muertos y la función clorofílica de ciertas plantas pasan por ser opiniones igualmente respetables: el que no lo cree así y protesta está ofendiendo a sus interlocutores, conculcando su básico derecho humano a sostener con pasión lo inverificable. La actitud de quien gracias a su fe particular "lo tiene todo claro" se presenta no sólo como perfectamente asumible desde la discreción cortés que prefiere no buscar camorra, sino hasta desde el punto de vista científico. En esos programas no hay disparate que no se presente como avalado por "importantes científicos". Si es así, ¿por qué nunca habíamos oído hablar de ello? Nos lo aclaran enseguida: porque lo impide la ciencia "oficial", mafia misteriosa al servicio de los más inconfesables intereses. Otros, menos paranoicos pero más descarados convierten la propia ciencia moderna en aval de la irracionalidad desaforada. Recuerdo un espacio televisivo en que se discutían los casos de "combustión espontánea" que aquejan a determinadas personas por causas impenetrables aunque probablemente extraterrestres. Un reputado físico argumentaba educadamente contra varios farsantes, todos los cuales tenían muy clara su "respetable" opinión. Cuando se mencionó el método científico, uno de los charlatanes -parapsicólogo o cosa semejante- pontificó muy serio: Mire usted: la ciencia moderna se basa en dos principios, el de la relatividad, que dice que todo es relativo, y el de incertidumbre, que asegura que no podemos estar seguros de nada. Así que tanto vale lo que usted dice como lo que digo yo y ¡viva la combustión espontánea!.
La filosofía arrastra una vieja enemistad contra la opinión, entendida en el infecto segundo sentido que hemos descrito. Y no porque la filosofía sea una ciencia en el sentido empírico del término ni porque tenga acceso privilegiado a la Verdad inapelable, sino porque su misión es defender el razonamiento dialógico entre las opiniones, la necesidad de justificar lo opinado no desde lo inefable, lo irreductible o lo inverificable, sino por medio de lo públicamente accesible, lo inteligible. Y también es tarea filosófica, frente a fantasías visionarias, potenciar una forma de imaginación que brote de la razón humana y la prolongue, en lugar de caracterizarse por contradecirla con machacona hechicería. Parece más importante que nunca que se siga conservando hoy ese antagonismo crítico, cuando los medios de comunicación han multiplicado tanto el número de opinantes encallecidos. Por eso me resulta especialmente grave el retroceso del papel de la filosofía en los estudios de bachillerato, que antes o después puede llevar a su abolición académica ... Cuando protesté por esta marginación ante un respetable del nuevo plan de estudios, me repuso con toda candidez burocrática: Date cuenta, enseñar filosofía es cosa muy complicada. ¡Hay opiniones para todos los gustos! A veces siento cierto desánimo, que considero plenamente respetable.
Comentario del Texto “Opiniones Respetables”, de Fernando Savater
En su texto “Opiniones Respetables”, el filósofo español Fernando Savater muestra su incomodidad ante la abundancia de opiniones sin sustento. Frente a esta situación que el autor postula como problema, Savater formula una hipótesis: quizá la gente opine espontáneamente y sin contención porque piensa que cualquier opinión es respetable.
Enseguida, comienza a funcionar en el texto la ironía: el autor se burla de esta manera de pensar y propone una tesis que contrasta con la hipótesis que presentó en un principio. Para Savater, nada hay menos respetable que una opinión: las opiniones para él son aquello que puede y debe ser discutido. Para apoyar su tesis, el filósofo recurre a, al menos, un razonamiento lógico: razona que si las opiniones no pueden ser discutidas, entonces dejarían de serlo para convertirse en axiomas o dogmas. Además, tratando de delimitar aún más lo significa discutir una opinión, recurre a la definición de este último término (discusión), para dejar bien claro que no se trata de un vano intercambio de pareceres.
Lo que se señaló anteriormente ocupa el espacio correspondiente al primer párrafo del texto: párrafo introductorio, en el cual el autor plantea el problema de las opiniones y sugiere el contraste entre dos maneras de pensar el papel de la opinión. Lo que sigue –párrafos 2,3 y4- es el desarrollo de este contraste, a través de una serie de ejemplos que muestran de forma concreta lo que el autor llamará “el uso impecable de la opinión” y “el uso infecto” o “espurio” de ésta. Sin embargo estos ejemplos no aparecen solos, la ironía como herramienta desmitificadora o cuestionadora le servirá al autor para criticar de forma sutil, a través de un lenguaje culto, el uso de la opinión como idea espontánea e incuestionable. Por ejemplo, presenta el caso de un programa televisivo en donde un físico argumentaba contra un grupo de farsante que sostenían –y he aquí la ironía que recorre todo el texto- su “respetable” opinión.
Pero Savater no se queda sólo en la presentación del problema y en el ataque a un uso particular de la opinión. El autor va más allá y, en el último párrafo del texto –a manera de conclusión-, postula una solución al problema: habría que retomar la enseñanza de la filosofía como instrumento que permite razonar correctamente y construir opiniones verdaderamente respetables.
Es lógico pensar que esta es la solución que ofrecería un filósofo al analizar un problema como éste. En todo caso, Savater está tratando de llegar, a través de la prensa –se debe recordar que el texto fue publicado en “El País”-, tanto a aquellas personas que usan mal su opinión, como a aquéllas que pueden hacer algo por educar a quines opinan sin fundamento. Pareciera que, en definitiva, la intención del autor fuera doble: persuadir y enseñar.
Fernando Savater
En nuestra sociedad abundan venturosa y abrumadoramente las opiniones. Quizá prosperan tanto porque, según un repetido dogma que es el non plus ultra de la tolerancia para muchos, todas las opiniones son respetables. Concedo sin vacilar que existen muchas cosas respetables a nuestro alrededor: la vida del prójimo, por ejemplo, o el pan de quien trabaja para ganárselo, o la cornamenta de ciertos toros. Las opiniones, en cambio, me parecen todo lo que se quiera menos respetables: al ser formuladas saltan a la palestra de la disputa, la irrisión, el escepticismo y la controversia. Afrontan el descrédito y se arriesgan a lo único que hay peor que el descrédito, la ciega credulidad. Todas las opiniones son "discutibles" y esta condición no encierra demérito, como suelen creer quienes utilizan es calificativo para desacreditar las opiniones que no comparten ("eso que usted dice es muy discutible..."). Si una opinión no fuese discutible, dejaría de ser una opinión para convertirse en un axioma o en un dogma. Pero la palabra "discutir" encierra un sentido más fuerte que el de un simple intercambio de pareceres: etimológicamente quiere decir sacudir, derribar, zarandear algo para que demuestre si tiene sólidas raíces o incluso arrancarlo de su suelo nutricio para que las enseñe y puedan ser comprobadas. Así es sin duda como hay que proceder con las opiniones. Sólo las más fuertes deben sobrevivir, cuando logren ganarse la verificación que las legalice. Respetarlas beatamente sería momificarlas a todas por igual, haciendo indiscernibles las que gozan de buena salud gracias a la razón y la experiencia de las infectadas por la ñoñería pseudomística y el delirio.
Tomemos por ejemplo uno de nuestros debates televisivos de corte popular en el que se afronte alguna cuestión peliaguda como los platillos volantes, la curación mágica de las enfermedades o la inmortalidad del alma. Cualquiera de los participantes puede iniciar su intervención diciendo: "yo opino..". Pues bien, esa cláusula aparentemente modesta y restrictiva suele funcionar de hecho como todo lo contrario. Y es que hay dos usos diferentes, opuestos diría yo, del opinar. Según el primero de ellos, advierto con mi "yo opino" que no estoy seguro de lo que voy a decir, que se trata tan sólo de una conclusión que he sacado a partir de argumentos no concluyentes y que estoy dispuesto a revisarla si se me brindan pruebas contrarias o razonamientos mejor fundados. En ningún caso diría "yo opino" para luego aseverar que dos más dos son cuatro o que París es la capital de Francia: lo que precisamente advierto con esa fórmula es que no estoy tan seguro de lo que aventuro a continuación como de esas certezas ejemplares. Éste es el uso impecable de la opinión.
Pero en otros casos decir "yo opino" viene a significar algo muy distinto. Prevengo a quien me escucha de que la aseveración que formulo es mía, que la respaldo con todo mi ser y que por tanto no estoy dispuesto a discutirla con cualquier advenedizo no a modificarla simplemente porque se me ofrezcan argumentos adversos que demuestren su falsedad. Theodor Adorno, en un excelente artículo titulado "Opinión, demencia y sociedad" describe así esta actitud: «El "yo opino" no restringe aquí el juicio hipotético, sino que lo subraya. En cuanto alguien proclama como suya una opinión nada certera, no corroborada por experiencia alguna, sin reflexión sucinta, le otorga, por mucho que quiera restringirla, la autoridad de la confesión por medio de la relación consigo mismo como sujeto. » Este modelo de opinante convierte cualquier ataque a su opinión en una ofensa a su propia persona (o a su "identidad cultural", hoy refugio a la moda de los peores oscurantismos). Para él, lo concluyente en refrendo de un dictamen no son las pruebas ni las razones que lo apoyan sino el hecho de que alguien lo formula rotundamente como propio, identificando su dignidad con la veracidad de lo que sostiene. Como cada cual tiene derecho a su opinión, lo que nadie puede recusar, se entiende que todas las opiniones son del mismo rango y conllevan la misma fuerza resolutiva, lo cual destruye cualquier pretensión de verdad. Éste es el uso espurio de opinión.
En el debate televisivo al que antes aludíamos, cualquier pretensión de acuerdo sobre lo plausible suele quedar descartada de antemano. Quien insiste en que no se tome por aceptable más que lo racionalmente justificado sienta de inmediato plaza de intransigente o dogmático, vicios de lo más detestables. La resurrección de los muertos y la función clorofílica de ciertas plantas pasan por ser opiniones igualmente respetables: el que no lo cree así y protesta está ofendiendo a sus interlocutores, conculcando su básico derecho humano a sostener con pasión lo inverificable. La actitud de quien gracias a su fe particular "lo tiene todo claro" se presenta no sólo como perfectamente asumible desde la discreción cortés que prefiere no buscar camorra, sino hasta desde el punto de vista científico. En esos programas no hay disparate que no se presente como avalado por "importantes científicos". Si es así, ¿por qué nunca habíamos oído hablar de ello? Nos lo aclaran enseguida: porque lo impide la ciencia "oficial", mafia misteriosa al servicio de los más inconfesables intereses. Otros, menos paranoicos pero más descarados convierten la propia ciencia moderna en aval de la irracionalidad desaforada. Recuerdo un espacio televisivo en que se discutían los casos de "combustión espontánea" que aquejan a determinadas personas por causas impenetrables aunque probablemente extraterrestres. Un reputado físico argumentaba educadamente contra varios farsantes, todos los cuales tenían muy clara su "respetable" opinión. Cuando se mencionó el método científico, uno de los charlatanes -parapsicólogo o cosa semejante- pontificó muy serio: Mire usted: la ciencia moderna se basa en dos principios, el de la relatividad, que dice que todo es relativo, y el de incertidumbre, que asegura que no podemos estar seguros de nada. Así que tanto vale lo que usted dice como lo que digo yo y ¡viva la combustión espontánea!.
La filosofía arrastra una vieja enemistad contra la opinión, entendida en el infecto segundo sentido que hemos descrito. Y no porque la filosofía sea una ciencia en el sentido empírico del término ni porque tenga acceso privilegiado a la Verdad inapelable, sino porque su misión es defender el razonamiento dialógico entre las opiniones, la necesidad de justificar lo opinado no desde lo inefable, lo irreductible o lo inverificable, sino por medio de lo públicamente accesible, lo inteligible. Y también es tarea filosófica, frente a fantasías visionarias, potenciar una forma de imaginación que brote de la razón humana y la prolongue, en lugar de caracterizarse por contradecirla con machacona hechicería. Parece más importante que nunca que se siga conservando hoy ese antagonismo crítico, cuando los medios de comunicación han multiplicado tanto el número de opinantes encallecidos. Por eso me resulta especialmente grave el retroceso del papel de la filosofía en los estudios de bachillerato, que antes o después puede llevar a su abolición académica ... Cuando protesté por esta marginación ante un respetable del nuevo plan de estudios, me repuso con toda candidez burocrática: Date cuenta, enseñar filosofía es cosa muy complicada. ¡Hay opiniones para todos los gustos! A veces siento cierto desánimo, que considero plenamente respetable.
Comentario del Texto “Opiniones Respetables”, de Fernando Savater
En su texto “Opiniones Respetables”, el filósofo español Fernando Savater muestra su incomodidad ante la abundancia de opiniones sin sustento. Frente a esta situación que el autor postula como problema, Savater formula una hipótesis: quizá la gente opine espontáneamente y sin contención porque piensa que cualquier opinión es respetable.
Enseguida, comienza a funcionar en el texto la ironía: el autor se burla de esta manera de pensar y propone una tesis que contrasta con la hipótesis que presentó en un principio. Para Savater, nada hay menos respetable que una opinión: las opiniones para él son aquello que puede y debe ser discutido. Para apoyar su tesis, el filósofo recurre a, al menos, un razonamiento lógico: razona que si las opiniones no pueden ser discutidas, entonces dejarían de serlo para convertirse en axiomas o dogmas. Además, tratando de delimitar aún más lo significa discutir una opinión, recurre a la definición de este último término (discusión), para dejar bien claro que no se trata de un vano intercambio de pareceres.
Lo que se señaló anteriormente ocupa el espacio correspondiente al primer párrafo del texto: párrafo introductorio, en el cual el autor plantea el problema de las opiniones y sugiere el contraste entre dos maneras de pensar el papel de la opinión. Lo que sigue –párrafos 2,3 y4- es el desarrollo de este contraste, a través de una serie de ejemplos que muestran de forma concreta lo que el autor llamará “el uso impecable de la opinión” y “el uso infecto” o “espurio” de ésta. Sin embargo estos ejemplos no aparecen solos, la ironía como herramienta desmitificadora o cuestionadora le servirá al autor para criticar de forma sutil, a través de un lenguaje culto, el uso de la opinión como idea espontánea e incuestionable. Por ejemplo, presenta el caso de un programa televisivo en donde un físico argumentaba contra un grupo de farsante que sostenían –y he aquí la ironía que recorre todo el texto- su “respetable” opinión.
Pero Savater no se queda sólo en la presentación del problema y en el ataque a un uso particular de la opinión. El autor va más allá y, en el último párrafo del texto –a manera de conclusión-, postula una solución al problema: habría que retomar la enseñanza de la filosofía como instrumento que permite razonar correctamente y construir opiniones verdaderamente respetables.
Es lógico pensar que esta es la solución que ofrecería un filósofo al analizar un problema como éste. En todo caso, Savater está tratando de llegar, a través de la prensa –se debe recordar que el texto fue publicado en “El País”-, tanto a aquellas personas que usan mal su opinión, como a aquéllas que pueden hacer algo por educar a quines opinan sin fundamento. Pareciera que, en definitiva, la intención del autor fuera doble: persuadir y enseñar.
martes, 19 de enero de 2010
Análisis y Síntesis
EL ANÁLISIS Y LA SÍNTESIS
Definición: analizar consiste en descomponer un objeto de estudio para desentrañar sus elementos constituyentes. Ahora bien, esta descomposición de lo que se quiere estudiar no se hace a la ligera: todo análisis parte de un punto de vista que es necesario explicar y tener muy claro. Por ejemplo: se puede analizar un cuadro desde el punto de vista de las formas que lo componen o desde el punto de vista histórico; también se puede analizar un país desde los puntos de vista geográfico, social, histórico, etc.; es decir que todo aquello que esté conformado por diversos elementos es susceptible de ser analizado, pero el resultado de ese análisis cambiará según el punto de vista que se elija.
Por último, todo análisis viene acompañado de una síntesis o conclusión que puede funcionar de diversas maneras:
Pude ser la explicación de la relación entre los datos que se obtienen del análisis y el punto de vista elegido para analizar.
Puede ser, a parte de lo anterior, la formulación de una tesis (opinión argumentada) que se sostiene en los datos producto del análisis.
Sinónimos de analizar: descomponer, discriminar, dividir, discernir, desentrañar.
Usos del análisis: es una habilidad o competencia que se usa no sólo en cualquier área del conocimiento, sino también en la vida diaria. En el ámbito escolar es de uso común en todas las materias. En algunos casos los análisis que se piden son completos (formular punto de vista, seleccionar datos y establecer conclusiones); en otros, los profesores suministran los datos o facilitan los datos y el punto de vista. Algunos ejemplos de esto: a. En Física cuando el docente formula un problema, realmente lo que hace es presentar un objeto de estudio que se debe descomponer (se desentrañan los datos) desde un punto de vista particular (fórmula) para llegar a una conclusión (resultado); b. En Geografía cuando el docente presenta un cuadro estadístico que muestra la cantidad de habitantes por zonas en un país o una región y pide analizar estos datos, lo que nos pide es explicar brevemente algunos conceptos propios de la materia (población urbana, población rural, centro poblado…) que conforman el punto de vista para establecer conclusiones sobre los datos que nos presentó; c. También analizamos cuando en una evaluación de Educación Artística se nos pide explicar una obra: en este caso, a partir de conceptos como el de ritmo, contraste, perspectiva, etc. y de algunos datos históricos podemos llegar a conclusiones sobre la época en que fue elaborada la obra o el movimiento al que pertenece.
Pasos para la escritura del análisis:
El primer paso para la escritura del análisis –como para la escritura de cualquier texto- es pensar y planificar. Pensar en este caso significa hacerse preguntas del tipo: ¿A QUÉ ÁREA DEL CONOCIMIENTO PERTENECE LO QUE DEBO ANALIZAR? ¿CUÁLES SON LOS CONCEPTOS BÁSICOS QUE DEBO MANEJAR PARA LOGRAR EXPLICAR ESTE OBJETO DE ESTUDIO? ¿QUÉ TIPO DE ANÁLISIS ME PIDEN? ¿EL DOCENTE ME SUMINISTRÓ LOS DATOS Y EL PUNTO DE VISTA? ¿ES UN ANÁLISIS MÁS COMPLEJO Y DEBO YO ESTABLECER EL PUNTO DE VISTA Y DESENTRAÑAR LOS DATOS? Planificar tiene que ver con ordenar de forma esquemática las repuestas a estas preguntas.
El segundo paso es, por supuesto, escribir tu análisis. Para ello debes ser coherente, ordenado y conciso (no divagues). Organiza tu texto siguiendo una estructura básica de introducción, desarrollo y conclusión. En cada una de estas partes puedes ubicar, respectivamente: 1° la explicación de los conceptos o ideas que conforman el punto de vista de tu análisis, 2° los datos que se desprenden de tu análisis y la explicación de la relación que tienen con tu punto de vista, 3° la opinión argumentada (tesis) que se sostiene en tu análisis.
El tercer paso para la escritura es la revisión: lee lo que escribiste y pregúntate si está correctamente escrito (ortografía, redacción) y si tu mensaje es lo suficientemente claro como para ser entendido por cualquiera que tenga un conocimiento mínimo del tema. REESCRÍBELO TODO SI ES NECESARIO.
Definición: analizar consiste en descomponer un objeto de estudio para desentrañar sus elementos constituyentes. Ahora bien, esta descomposición de lo que se quiere estudiar no se hace a la ligera: todo análisis parte de un punto de vista que es necesario explicar y tener muy claro. Por ejemplo: se puede analizar un cuadro desde el punto de vista de las formas que lo componen o desde el punto de vista histórico; también se puede analizar un país desde los puntos de vista geográfico, social, histórico, etc.; es decir que todo aquello que esté conformado por diversos elementos es susceptible de ser analizado, pero el resultado de ese análisis cambiará según el punto de vista que se elija.
Por último, todo análisis viene acompañado de una síntesis o conclusión que puede funcionar de diversas maneras:
Pude ser la explicación de la relación entre los datos que se obtienen del análisis y el punto de vista elegido para analizar.
Puede ser, a parte de lo anterior, la formulación de una tesis (opinión argumentada) que se sostiene en los datos producto del análisis.
Sinónimos de analizar: descomponer, discriminar, dividir, discernir, desentrañar.
Usos del análisis: es una habilidad o competencia que se usa no sólo en cualquier área del conocimiento, sino también en la vida diaria. En el ámbito escolar es de uso común en todas las materias. En algunos casos los análisis que se piden son completos (formular punto de vista, seleccionar datos y establecer conclusiones); en otros, los profesores suministran los datos o facilitan los datos y el punto de vista. Algunos ejemplos de esto: a. En Física cuando el docente formula un problema, realmente lo que hace es presentar un objeto de estudio que se debe descomponer (se desentrañan los datos) desde un punto de vista particular (fórmula) para llegar a una conclusión (resultado); b. En Geografía cuando el docente presenta un cuadro estadístico que muestra la cantidad de habitantes por zonas en un país o una región y pide analizar estos datos, lo que nos pide es explicar brevemente algunos conceptos propios de la materia (población urbana, población rural, centro poblado…) que conforman el punto de vista para establecer conclusiones sobre los datos que nos presentó; c. También analizamos cuando en una evaluación de Educación Artística se nos pide explicar una obra: en este caso, a partir de conceptos como el de ritmo, contraste, perspectiva, etc. y de algunos datos históricos podemos llegar a conclusiones sobre la época en que fue elaborada la obra o el movimiento al que pertenece.
Pasos para la escritura del análisis:
El primer paso para la escritura del análisis –como para la escritura de cualquier texto- es pensar y planificar. Pensar en este caso significa hacerse preguntas del tipo: ¿A QUÉ ÁREA DEL CONOCIMIENTO PERTENECE LO QUE DEBO ANALIZAR? ¿CUÁLES SON LOS CONCEPTOS BÁSICOS QUE DEBO MANEJAR PARA LOGRAR EXPLICAR ESTE OBJETO DE ESTUDIO? ¿QUÉ TIPO DE ANÁLISIS ME PIDEN? ¿EL DOCENTE ME SUMINISTRÓ LOS DATOS Y EL PUNTO DE VISTA? ¿ES UN ANÁLISIS MÁS COMPLEJO Y DEBO YO ESTABLECER EL PUNTO DE VISTA Y DESENTRAÑAR LOS DATOS? Planificar tiene que ver con ordenar de forma esquemática las repuestas a estas preguntas.
El segundo paso es, por supuesto, escribir tu análisis. Para ello debes ser coherente, ordenado y conciso (no divagues). Organiza tu texto siguiendo una estructura básica de introducción, desarrollo y conclusión. En cada una de estas partes puedes ubicar, respectivamente: 1° la explicación de los conceptos o ideas que conforman el punto de vista de tu análisis, 2° los datos que se desprenden de tu análisis y la explicación de la relación que tienen con tu punto de vista, 3° la opinión argumentada (tesis) que se sostiene en tu análisis.
El tercer paso para la escritura es la revisión: lee lo que escribiste y pregúntate si está correctamente escrito (ortografía, redacción) y si tu mensaje es lo suficientemente claro como para ser entendido por cualquiera que tenga un conocimiento mínimo del tema. REESCRÍBELO TODO SI ES NECESARIO.
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Habilidades Cognitivas
El Comentario Explicativo
EL COMENTARIO EXPLICATIVO DE TEXTOS
ARGUMENTATIVOS O EXPOSITIVOS
¿Qué es? Es una estrategia de comprensión lectora. Sirve para hacerse una idea global de la manera en que se relacionan el contenido y la forma de un texto.
¿Qué debemos entender por contenido? Por contenido entenderemos todas aquellas ideas significativas y relevantes que componen un texto. Esto implica que, previo al comentario, se deben determinar el tema del texto, la idea o planteamiento central del texto, y las ideas significativas, es decir, aquellas ideas que desarrollan el planteamiento central de forma directa. Cuando indagamos sobre el contenido lo que preguntamos es ¿QUÉ DICE EL AUTOR?
¿Qué debemos entender por forma? Por forma entenderemos la manera (la disposición estratégica) en que se relacionan las ideas significativas con el planteamiento central. Cuando indagamos sobre la forma lo que preguntamos es ¿CÓMO LO DICE EL AUTOR? ¿CON QUÉ ESTRATEGIAS? ¿A TRAVÉS DE QUÉ RELACIONES Y ESTRUCTURAS?
¿Cuáles son las estrategias más comunes? ¿Para qué sirven?
Definición: consiste en delimitar un concepto o una idea. Suele ser el punto de partida de una discusión o de un análisis.
Cita de autoridad: consiste en referir, a manera de paráfrasis o de forma textual, las palabras de un personaje que es considerado una autoridad en el tema que se desarrolla en el texto. Esta cita, siempre que sea explicada, pude servir para legitimar la opinión del autor del texto.
Razonamiento lógico: consiste en hacer evidente la causa o el origen de un pensamiento, idea u opinión. Sirve, precisamente, para razonar y fundamentar una opinión.
Ejemplificación: consiste en mostrar un caso concreto que ilustra o demuestra aquello que se ha afirmado previamente.
Dato/cifra/ estadística: consiste en hacer referencia a un estudio o dato numérico que sirve para darle carácter científico a un planteamiento.
Referencia (literaria, cinematográfica, a la cultura popular…): pueden servir como ejemplos o como muestras del sentido común.
Analogía: consiste en establecer una relación de similitud entre dos procesos o dos ideas, casi siempre con la finalidad de elaborar una conclusión o regla general que permita explicar ambos casos.
Contraste: consiste en establecer una relación de diferencia y oposición entre dos procesos o dos ideas, con la finalidad de resaltar el valor de una de las ideas sobre la otra.
Reformulación: consiste en replantear una idea con nuevas palabras. Funciona como estrategia de síntesis y permite incorporar nuevos matices a un planteamiento inicial.
Ironía: consiste en dar a entender todo lo contrario de lo que se expresa. La función de la ironía es deslegitimar una posición que es considerada inválida por el autor.
Pregunta retórica: consiste en formular una pregunta que no espera respuesta bien sea porque a. la respuesta es evidente; b. lo que pretende es generar una reflexión; c. la pregunta encierra una afirmación.
Concesión: consiste en aceptar parcialmente una idea que no es del todo compartida por el autor. Funciona, sobre todo, en texto en donde se plantean ideas contrapuestas que se logran conciliar en una sola tesis.
Contraargumentación: consiste en construir argumentos que permitan rebatir las posibles objeciones a una idea planteada por el autor. Sirve como estrategia generadora de discusión en texto que desarrollan temas polémicos.
¿Qué otros aspectos formales o estructurales hay que tener en cuenta?
La situación comunicativa (pragmática del texto). Esto se refiere a la respuesta de las preguntas 1 ° ¿quién enuncia el mensaje? , 2° ¿qué lenguaje utiliza el autor?, 3° ¿para quién está dirigido el texto? Todas las respuestas a estas preguntas son útiles sólo si permiten establecer una relación con el contenido del texto.
La macroestructura u organización global del texto. Se refiere al tipo de coherencia global que existe entre las ideas del texto. Entre las diversas estructuras o maneras de organización se encuentran las siguientes: a. problema-solución; b. tesis-argumentos; c. tesis- argumentos-contraargumentos- síntesis (nueva tesis); etc.
LA FORMA Y EL CONTENIDO SE PRESENTAN JUNTOS EN EL TEXTO. SEPARARLOS Y MOSTRAR SU RELACIÓN ES HACER UN COMENTARIO EXPLICATIVO.
ARGUMENTATIVOS O EXPOSITIVOS
¿Qué es? Es una estrategia de comprensión lectora. Sirve para hacerse una idea global de la manera en que se relacionan el contenido y la forma de un texto.
¿Qué debemos entender por contenido? Por contenido entenderemos todas aquellas ideas significativas y relevantes que componen un texto. Esto implica que, previo al comentario, se deben determinar el tema del texto, la idea o planteamiento central del texto, y las ideas significativas, es decir, aquellas ideas que desarrollan el planteamiento central de forma directa. Cuando indagamos sobre el contenido lo que preguntamos es ¿QUÉ DICE EL AUTOR?
¿Qué debemos entender por forma? Por forma entenderemos la manera (la disposición estratégica) en que se relacionan las ideas significativas con el planteamiento central. Cuando indagamos sobre la forma lo que preguntamos es ¿CÓMO LO DICE EL AUTOR? ¿CON QUÉ ESTRATEGIAS? ¿A TRAVÉS DE QUÉ RELACIONES Y ESTRUCTURAS?
¿Cuáles son las estrategias más comunes? ¿Para qué sirven?
Definición: consiste en delimitar un concepto o una idea. Suele ser el punto de partida de una discusión o de un análisis.
Cita de autoridad: consiste en referir, a manera de paráfrasis o de forma textual, las palabras de un personaje que es considerado una autoridad en el tema que se desarrolla en el texto. Esta cita, siempre que sea explicada, pude servir para legitimar la opinión del autor del texto.
Razonamiento lógico: consiste en hacer evidente la causa o el origen de un pensamiento, idea u opinión. Sirve, precisamente, para razonar y fundamentar una opinión.
Ejemplificación: consiste en mostrar un caso concreto que ilustra o demuestra aquello que se ha afirmado previamente.
Dato/cifra/ estadística: consiste en hacer referencia a un estudio o dato numérico que sirve para darle carácter científico a un planteamiento.
Referencia (literaria, cinematográfica, a la cultura popular…): pueden servir como ejemplos o como muestras del sentido común.
Analogía: consiste en establecer una relación de similitud entre dos procesos o dos ideas, casi siempre con la finalidad de elaborar una conclusión o regla general que permita explicar ambos casos.
Contraste: consiste en establecer una relación de diferencia y oposición entre dos procesos o dos ideas, con la finalidad de resaltar el valor de una de las ideas sobre la otra.
Reformulación: consiste en replantear una idea con nuevas palabras. Funciona como estrategia de síntesis y permite incorporar nuevos matices a un planteamiento inicial.
Ironía: consiste en dar a entender todo lo contrario de lo que se expresa. La función de la ironía es deslegitimar una posición que es considerada inválida por el autor.
Pregunta retórica: consiste en formular una pregunta que no espera respuesta bien sea porque a. la respuesta es evidente; b. lo que pretende es generar una reflexión; c. la pregunta encierra una afirmación.
Concesión: consiste en aceptar parcialmente una idea que no es del todo compartida por el autor. Funciona, sobre todo, en texto en donde se plantean ideas contrapuestas que se logran conciliar en una sola tesis.
Contraargumentación: consiste en construir argumentos que permitan rebatir las posibles objeciones a una idea planteada por el autor. Sirve como estrategia generadora de discusión en texto que desarrollan temas polémicos.
¿Qué otros aspectos formales o estructurales hay que tener en cuenta?
La situación comunicativa (pragmática del texto). Esto se refiere a la respuesta de las preguntas 1 ° ¿quién enuncia el mensaje? , 2° ¿qué lenguaje utiliza el autor?, 3° ¿para quién está dirigido el texto? Todas las respuestas a estas preguntas son útiles sólo si permiten establecer una relación con el contenido del texto.
La macroestructura u organización global del texto. Se refiere al tipo de coherencia global que existe entre las ideas del texto. Entre las diversas estructuras o maneras de organización se encuentran las siguientes: a. problema-solución; b. tesis-argumentos; c. tesis- argumentos-contraargumentos- síntesis (nueva tesis); etc.
LA FORMA Y EL CONTENIDO SE PRESENTAN JUNTOS EN EL TEXTO. SEPARARLOS Y MOSTRAR SU RELACIÓN ES HACER UN COMENTARIO EXPLICATIVO.
martes, 24 de noviembre de 2009
El Resumen
El Resumen
¿Qué es? Es la expresión sintetizada, reformulada y ordenada de las ideas contenidas en un texto fuente.
¿Qué técnicas implica? Para elaborar un resumen se deben dominar tres técnicas:
a. La síntesis o capacidad para extraer del texto fuente aquellas ideas que son relevantes, porque desarrollan el tema central del escrito y tienen una relación directa con él. Sintetizar, por otra parte, también implica que el lector sea capaz de reconocer el tema, el planteamiento central y las ideas fundamentales del texto. Esto último se puede lograr a través de varias técnicas: 1º la auto-pregunta: ¿de qué se habla en el texto? (tema); ¿qué se dice sobre el tema? (planteamiento central); y ¿qué ideas desarrollan el planteamiento central? (ideas fundamentales). 2º La búsqueda de palabras o frases claves: se trata de palabras o frases que se repiten a lo largo del texto y que, lógicamente, si se repiten igual o con sinónimos, podemos suponer que se debe a que son importantes. 3º La determinación de la forma expresiva: saber si el texto es expositivo o argumentativo, nos ayuda a encontrar el planteamiento central: en el caso de ser expositivo, el planteamiento central del texto sería la definición del tema expuesto; si el escrito es argumentativo, el planteamiento central será la tesis u opinión del autor sobre el tema.
b. La reformulación: consiste en replantear las ideas del autor del texto fuente. Se trata de reescribir una idea, no de copiarla ni de ampliarla, ni de opinar sobre ella. La reformulación implica, simplemente, decir con otras palabras una idea que fue expuesta por otra persona. Para reformular se deben usar la sinonimia, la reconstrucción de frases perifrásticas, y la sustitución de oraciones subordinadas por frases breves.
c. Ordenar o Jerarquizar: consiste en presentar las ideas del texto en un orden coherente, es decir, evidenciando las relaciones que hay entre cada una de las ideas que se resumen. Para hacer esto ayuda mucho la elaboración de un esquema previo al resumen. En este esquema el alumno puede jerarquizar las ideas y agruparlas en bloques temáticos. Ahora bien, a la hora de escribir o textualizar el resumen las relaciones entre las ideas deben marcarse con conectores o relacionantes (por otra parte, así, de esta manera, luego, además, por consiguiente…).
¿Cómo se escribe? El estilo del resumen debe ser impersonal o en tercera persona. Recuerde usar marcas de resumen, es decir, frases que recuerden al lector que usted está resumiendo: “el autor plantea”, “en el texto se explica”…
¿Cómo se estructura? El resumen es un texto expositivo y como tal debe contener tres partes: introducción, desarrollo y cierre.
· Introducción: contiene información extratextual (título, autor, fecha…), se aclara cuál es el tema y se menciona el planteamiento central del autor.
· Desarrollo: contiene las ideas fundamentales del texto.
· Cierre: contiene una brevísima recapitulación de lo que se ha resumido.
¿Qué es? Es la expresión sintetizada, reformulada y ordenada de las ideas contenidas en un texto fuente.
¿Qué técnicas implica? Para elaborar un resumen se deben dominar tres técnicas:
a. La síntesis o capacidad para extraer del texto fuente aquellas ideas que son relevantes, porque desarrollan el tema central del escrito y tienen una relación directa con él. Sintetizar, por otra parte, también implica que el lector sea capaz de reconocer el tema, el planteamiento central y las ideas fundamentales del texto. Esto último se puede lograr a través de varias técnicas: 1º la auto-pregunta: ¿de qué se habla en el texto? (tema); ¿qué se dice sobre el tema? (planteamiento central); y ¿qué ideas desarrollan el planteamiento central? (ideas fundamentales). 2º La búsqueda de palabras o frases claves: se trata de palabras o frases que se repiten a lo largo del texto y que, lógicamente, si se repiten igual o con sinónimos, podemos suponer que se debe a que son importantes. 3º La determinación de la forma expresiva: saber si el texto es expositivo o argumentativo, nos ayuda a encontrar el planteamiento central: en el caso de ser expositivo, el planteamiento central del texto sería la definición del tema expuesto; si el escrito es argumentativo, el planteamiento central será la tesis u opinión del autor sobre el tema.
b. La reformulación: consiste en replantear las ideas del autor del texto fuente. Se trata de reescribir una idea, no de copiarla ni de ampliarla, ni de opinar sobre ella. La reformulación implica, simplemente, decir con otras palabras una idea que fue expuesta por otra persona. Para reformular se deben usar la sinonimia, la reconstrucción de frases perifrásticas, y la sustitución de oraciones subordinadas por frases breves.
c. Ordenar o Jerarquizar: consiste en presentar las ideas del texto en un orden coherente, es decir, evidenciando las relaciones que hay entre cada una de las ideas que se resumen. Para hacer esto ayuda mucho la elaboración de un esquema previo al resumen. En este esquema el alumno puede jerarquizar las ideas y agruparlas en bloques temáticos. Ahora bien, a la hora de escribir o textualizar el resumen las relaciones entre las ideas deben marcarse con conectores o relacionantes (por otra parte, así, de esta manera, luego, además, por consiguiente…).
¿Cómo se escribe? El estilo del resumen debe ser impersonal o en tercera persona. Recuerde usar marcas de resumen, es decir, frases que recuerden al lector que usted está resumiendo: “el autor plantea”, “en el texto se explica”…
¿Cómo se estructura? El resumen es un texto expositivo y como tal debe contener tres partes: introducción, desarrollo y cierre.
· Introducción: contiene información extratextual (título, autor, fecha…), se aclara cuál es el tema y se menciona el planteamiento central del autor.
· Desarrollo: contiene las ideas fundamentales del texto.
· Cierre: contiene una brevísima recapitulación de lo que se ha resumido.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Expresión Oral
Técnicas de Expresión Oral
Organice sus ideas: no comience a hablar sin tener claro lo que va a decir. Tómese un tiempo para organizar su pensamiento, si es posible esquematice las ideas que va a plantear. En todo caso, debe respetar la sintaxis de las oraciones y la coherencia en el desarrollo del tema: no salte de un tópico a otro sin anunciar la transición.
Adecuación: use un vocabulario acorde a la situación en la que se encuentra. Recuerde que existen distintos registros del habla (culto, vulgar, técnico) y que el error sería utilizar un registro que no es coherente con la situación.
Vocabulario: investigue el vocabulario relativo al tema que desea plantear y familiarícese con él. Busque sinónimos de los términos que tendría que repetir en varias ocasiones, para evitar reiteraciones innecesarias.
Entonación y ritmo: no haga cambios abruptos en la velocidad y el tono mientras expone las ideas. Haga los cambios de entonación sólo cuando sea necesario enfatizar una emoción, un pensamiento, etc.
Gestualidad y postura: observe a su auditorio. Si está de pie o si está sentado, consérvese recto: demuestre firmeza. No permita que sus gestos digan algo distinto a lo que dicen sus palabras: sea coherente con lo que dice y gesticula (¡su cuerpo habla!).
Establezca momentos para escuchar a su auditorio y para contestar a sus preguntas.
Organice sus ideas: no comience a hablar sin tener claro lo que va a decir. Tómese un tiempo para organizar su pensamiento, si es posible esquematice las ideas que va a plantear. En todo caso, debe respetar la sintaxis de las oraciones y la coherencia en el desarrollo del tema: no salte de un tópico a otro sin anunciar la transición.
Adecuación: use un vocabulario acorde a la situación en la que se encuentra. Recuerde que existen distintos registros del habla (culto, vulgar, técnico) y que el error sería utilizar un registro que no es coherente con la situación.
Vocabulario: investigue el vocabulario relativo al tema que desea plantear y familiarícese con él. Busque sinónimos de los términos que tendría que repetir en varias ocasiones, para evitar reiteraciones innecesarias.
Entonación y ritmo: no haga cambios abruptos en la velocidad y el tono mientras expone las ideas. Haga los cambios de entonación sólo cuando sea necesario enfatizar una emoción, un pensamiento, etc.
Gestualidad y postura: observe a su auditorio. Si está de pie o si está sentado, consérvese recto: demuestre firmeza. No permita que sus gestos digan algo distinto a lo que dicen sus palabras: sea coherente con lo que dice y gesticula (¡su cuerpo habla!).
Establezca momentos para escuchar a su auditorio y para contestar a sus preguntas.
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